ENTENDER EL ALQUILER PARA EMPEZAR A CUESTIONARLO

NO TODO LO QUE ES LEGAL ES JUSTO.

Abita es un espacio creado para recopilar y ofrecer alquileres dentro de un marco ético y consciente, entendiendo que la vivienda no es un privilegio, sino un derecho fundamental. Nuestro objetivo es facilitar el acceso a hogares que respeten tanto las necesidades de quienes alquilan como las de quienes ponen una vivienda a disposición de otras personas.

Cuando hablamos de alquiler justo, no nos referimos únicamente al precio. Tampoco creemos que todo lo que es legal sea necesariamente justo. Existen prácticas que pueden ajustarse a la normativa vigente y, aun así, generar situaciones de desigualdad, inseguridad o dificultad. Por eso, en Abita utilizamos criterios que van más allá del simple cumplimiento legal.

Un alquiler justo es aquel que permite desarrollar un proyecto de vida estable sin que el acceso a la vivienda implique renunciar a otras necesidades básicas. Cuando el coste de la vivienda supera aproximadamente el 30% de los ingresos de una persona o unidad familiar, empieza a considerarse una carga excesiva. Para visualizarlo, Abita utiliza un sistema de colores semáforo y el Sistema Estatal de Índices de Referencia del Precio del Alquiler de Vivienda como referencia máxima de precio.

  • El precio del alquiler no puede superar los límites establecidos por el índice de referencia correspondiente.
  • La vivienda debe encontrarse en condiciones adecuadas de habitabilidad, seguridad e higiene.
  • Todas las condiciones económicas deben mostrarse de forma clara y transparente desde el primer momento.
  • No se admitirán cláusulas o condiciones que limiten derechos básicos de las personas inquilinas.
  • Las fotografías y la descripción del anuncio deben reflejar fielmente el estado real de la vivienda.
  • No se permitirán prácticas discriminatorias durante el proceso de selección de inquilinos.
  • Los gastos adicionales deberán estar claramente especificados y justificados.
  • La relación entre propietario e inquilino deberá basarse en el respeto mutuo, la transparencia y el cumplimiento de las obligaciones de ambas partes.

Encontrar una vivienda ya es bastante complicado como para tener que convertirse también en experto en contratos. La Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) establece una serie de derechos mínimos para las personas inquilinas y cualquier cláusula que los limite o contradiga puede ser considerada abusiva o incluso nula.

Si estás alquilando una vivienda habitual, los gastos de gestión inmobiliaria y de formalización del contrato deben ser asumidos por la propiedad.

La ley establece una fianza obligatoria de una mensualidad. Pueden solicitarse garantías adicionales, pero no pueden superar dos mensualidades más. En total, no pueden exigirte más de tres meses de renta entre fianza y garantías adicionales.

No. La legislación limita el pago anticipado a una mensualidad.

No. La ley permite a la persona inquilina permanecer en la vivienda hasta 5 años cuando la propiedad es una persona física y hasta 7 años cuando pertenece a una empresa, siempre que quiera continuar y cumpla con sus obligaciones.

Sí, pero solo en situaciones concretas: impago del alquiler, incumplimiento grave del contrato o necesidad de la propiedad de recuperar la vivienda para su residencia habitual, siempre que figure en el contrato y se comunique con al menos dos meses de antelación.

La ley permite desistir del contrato una vez hayan transcurrido 6 meses desde su firma, comunicándolo con al menos 30 días de antelación.

Una vez entregadas las llaves, la propiedad dispone de un plazo máximo de un mes para devolver la fianza si no existen daños o cantidades pendientes.

Las pequeñas reparaciones del uso cotidiano corresponden a quien vive en la vivienda. Las reparaciones necesarias para mantener condiciones adecuadas de habitabilidad corresponden al casero.

No. Durante la vigencia del contrato es tu hogar. Cualquier visita o acceso debe acordarse previamente contigo.

La legislación española prohíbe la discriminación en el acceso a la vivienda por motivos como origen, sexo, orientación sexual, identidad de género, religión o discapacidad.

Abita revisa los anuncios publicados para detectar señales de alerta y reducir prácticas abusivas. Recomendamos leer siempre el contrato completo antes de firmar. La mejor protección sigue siendo la información.

El alquiler forma parte de la vida de millones de personas, pero eso no significa que sea fácil de entender. Entre contratos, garantías y normas que varían según el territorio, es normal sentirse perdido al buscar vivienda.

Este indicador mide qué porcentaje de los ingresos se destina al pago de la vivienda. Dedicar más del 30% al alquiler supone una situación de sobreesfuerzo económico. Por este motivo, Abita utiliza un sistema de semáforo que permite visualizar el impacto que tendrá cada vivienda sobre tu economía.

En muchas ciudades la demanda crece más rápido que la oferta disponible. Los precios han aumentado mucho más que los salarios, haciendo que cada vez más personas tengan que destinar una parte muy importante de sus ingresos al alquiler.

Es un proceso por el cual un barrio aumenta su atractivo y con ello también los precios de la vivienda, lo que puede obligar a muchas personas que ya vivían allí a mudarse.

Se produce cuando la vivienda se entiende principalmente como una inversión para generar beneficios. Cuando el valor financiero se sitúa por encima de su función como hogar, el acceso a una vivienda asequible se vuelve más difícil.